Cada uno de nosotros tenemos una serie de creencias que defendemos por sentir que son parte de nuestra identidad. Se han ido acumulando y afirmando desde que nacimos y han llegado a dar forma al mundo en donde nos movemos y relacionamos. Nuestras creencias son en definitiva lo que yo soy.
Es importante que revisemos profundamente qué creemos que es verdadero, correcto, importante, útil o necesario. Nuestros actos y elecciones están condicionados por estas creencias. Han entrado en nosotros sin que nos demos cuenta, accidentalmente o como parte de la educación recibida y generalmente no las hemos vuelto a revisar, tan solo las aceptamos como válidas.
Muchas veces me privo de hacer ciertas experiencias por creer que no son para mí o que no me corresponde tenerlas, quizás sienta miedo o ansiedad por no creer en mis capacidades. Tal vez no me he permitido investigar profundamente otros pensamientos, sensaciones o he tenido pensamientos y emociones negativas acerca de lo que creo son errores cometidos por los demás o de las injusticias hacia mí.
Cuando conocemos otras culturas vemos como cada persona responde a una parte de esta y su comportamiento está totalmente dirigido por sus creencias. El hombre ha matado, discutido y destruido para defender sus creencias, también quiere imponerlas sobre los otros para sentirse seguro.
Les propongo el ejercicio de revisar aquello que creemos es verdadero o falso, nuestros sentimientos acerca de esto. Comenzando por su reacción a estas palabras, tal vez esté de acuerdo, en contra, me resulte impactante o absurdo. ¿En función de qué saco las conclusiones?
Luego preguntemos a otros por qué eligen, piensan o sienten de esa manera, cuál creen que es la mejor manera de comportarse o lograr un objetivo.
Todos podemos transformarnos al cambiar nuestras creencia de lo que es posible para cada uno. Lo que el hombre crea de corazón se realizará.