La vida es una sucesión de elecciones. A medida que crecemos, el mundo nos propone más responsabilidades y estás, decisiones que tomar. A menudo solo vemos una opción, ya sea por la presión de las modas y costumbres del momento o porque no encontramos ninguna razón para tomar otro camino o porque estamos totalmente seguros de lo que hacemos.
En nuestra niñez las elecciones son tomadas por los mayores, que ropa usar, donde ir, a que hora me acuesto, a que colegio iré, etc. En nuestra adolescencia queremos elegir nuestra vida y nos rebelamos, solemos elegir lo contrario a lo de los mayores y creemos ser libres aunque las modas y el grupo que nos rodea sea un fuerte condicionante. Debemos decidir que carrera seguir, como me voy a diferenciar, a quien le gustaré y otras elecciones que traen consigo sus consecuencias.
La vida continua dándonos opciones y debemos elegir o dejar que el suceder traiga lo mejor para nosotros. Esto de por sí es una elección, o tomamos la responsabilidad de diferenciar las cosas y decidir que camino seguir o aceptamos los acontecimientos. Toda elección trae siempre consigo un resultado, a veces es el esperado y otras no, pero siempre será la realidad del ahora.
Nuestros estados de conciencia determinaran que elección tomamos, es por esto que importa tanto el momento en que se decide. Un estado negativo de la mente o la emoción nunca será el instante correcto, al serenarnos veremos aparece otras opciones. Una mente clara y un corazón abierto son un buen principio para el porvenir desatado con nuestra elección.
Causa y efecto, elección y resultado van trazando el camino recorrido. Nunca se fracasa, solo se cosechan las consecuencias de nuestras elecciones. Decidamos vivir una vida plena y basada en valores positivos, ampliemos nuestra conciencia ayudémonos unos a otros a vivir en armonía.